VALLADOLID. En el marco de la conmemoración del 475 aniversario de la Controversia de Valladolid, la ciudad vallisoletana ha rendido un tributo histórico a la figura de Francisco Tenamaxtli (o Tenamaztle), líder indígena del siglo XVI y referente indispensable en la génesis del pensamiento humanista universal.
El acto central ha consistido en una ceremonia de homenaje que complementa la instalación de la placa conmemorativa realizada en el mes de marzo en la Plaza de Poniente. Con este conjunto de iniciativas, la capital castellanoleonesa no solo recuerda el valor y la resiliencia del cacique caxcán, sino que revalida la vigencia de los valores de justicia, concordia y defensa incondicional de la dignidad humana.
Un compromiso institucional, académico y ciudadano
La ceremonia contó con la participación de autoridades del Ayuntamiento de Valladolid, acompañadas por profesores de la Universidad de Valladolid (UVa) y de la Universidad de Guadalajara (México).
Entre los asistentes destacados se encontraron Dámaso Javier Vicente (profesor de Derecho Internacional Privado de la UVa y director de la Cátedra de Patrimonio Cultural Inmaterial Europeo), la Dra. Karen Dalina García Curiel (coordinadora del Doctorado en Derechos Humanos) y el Dr. Antonio Jiménez Díaz (coordinador de la Maestría en Derecho de la Universidad de Guadalajara, México). Asimismo, el acto congregó a miembros del comité científico-técnico del aniversario, estudiantes universitarios y representantes de la comunidad mexicana afincada en la ciudad.

Un puente entre la resistencia en Nueva Galicia y el foro peninsular
Originario de los señoríos de Nochistlán y Xuchipila, en la región de Nueva Galicia (actual estado de Zacatecas, México), Francisco Tenamaxtli destacó como una de las figuras clave en la defensa de los derechos de los pueblos originarios. Tras encabezar la resistencia armada durante la Guerra del Mixtón (1541-1542) frente a los excesos de la colonización, tomó la decisión visionaria de trasladar su reivindicación al plano del derecho y la ética política.
En mayo de 1554, Tenamaxtli llegó a la corte de Valladolid. La Corona le dispensó un trato acorde a su condición caciquil, incluyendo una pensión de cuatro reales diarios decretada por el emperador Carlos V mediante Real Cédula. Durante su estancia, entabló una histórica alianza con fray Bartolomé de las Casas, quien le prestó su apoyo en la articulación de su pensamiento y en la formulación jurídica de sus demandas.
En julio de 1555, Tenamaxtli elevó ante el Consejo de Indias un trascendental memorial de agravios. En él solicitaba formalmente la abolición de la encomienda —a la que definía como una forma encubierta de esclavitud—, la devolución de sus señoríos y la restitution de la libertad para sus comunidades. Aunque su fallecimiento en tierras vallisoletanas el 10 de noviembre de 1556 le impidió retornar a su tierra, su labor le valió la consideración por parte del historiador mexicano Miguel León-Portilla de ser un auténtico «padre Las Casas laico e indígena» y un precursor directo de los derechos humanos.
La visión humanista trascendente: las luces de la Escuela de Salamanca y la tutela del patrimonio cultural
La convergencia en Valladolid de figuras como Francisco Tenamaxtli y Fray Bartolomé de las Casas representa un hito sin precedentes en la historia de las ideas. Mientras que el debate teológico y jurídico de la época —impulsado por pensadores de la Escuela de Salamanca como Francisco de Vitoria y Domingo de Soto— sentaba los cimientos teóricos del Derecho Internacional y los Derechos Humanos primigenios, la voz directa e insobornable del líder caxcán aportaba la prueba viva y el clamor testimonial de la injusticia.
Esta alianza entre el pensamiento crítico europeo y la autodeterminación indígena resultó profundamente adelantada a su tiempo. Las denuncias de Las Casas y los memoriales de Tenamaxtli no solo perseguían mitigar el maltrato físico o la explotación económica; planteaban una defensa categórica del estatus ontológico, político y moral de los pueblos nativos de México:
- Reconocimiento de la soberanía y la personalidad jurídica: Defendieron que los pueblos nativos poseían legitimidad sobre sus tierras, gobiernos e instituciones previas a la llegada europea, reconociéndolos como sujetos plenos de derecho y capacidad política.
- Salvaguarda de las identidades y tradiciones originarias: La preservación de las estructuras comunitarias indígenas permitió salvaguardar un inestimable patrimonio inmaterial —lenguas, cosmovisiones, saberes ancestrales y modos de organización social— que forma la base identitaria del México contemporáneo.
- Cimientos del pluralismo cultural: La Controversia de Valladolid instituyó por primera vez en la modernidad el principio de que la diversidad humana exige un marco de respeto universal y tolerancia, anticipándose en siglos a las declaraciones internacionales de protección de los derechos de las minorías y los pueblos indígenas.
El ‘Barrio de los Derechos Humanos’: huella imborrable en el mapa urbano
En este mismo contexto conmemorativo, el Ayuntamiento de Valladolid ha bautizado diversas vías públicas situadas en el ámbito de ‘Cuarteles de Artillería’, configurando simbólicamente lo que se ha denominado el ‘Barrio de los Derechos Humanos’:
- Calle Francisco Tenamaxtli: Vía situada en la Fase 2 que honra específicamente la memoria y la gesta del caudillo indígena.
- Calles de los pensadores de la Controversia: Trazados dedicados a Ginés de Sepúlveda, Francisco de Vitoria y Domingo de Soto.
- Plaza de la Dignidad Humana: Espacio central vertebrador delimitado por dichas vías, en homenaje explícito al principio ético inspirador del debate teológico-jurídico.
- Calle Bartolomé de las Casas: Tramo viario contiguo que perpetúa el recuerdo del gran fraile dominico, situado junto a otras calles consagradas a referentes de la paz, la concordia y los derechos fundamentales.
Con esta remodelación urbana, la placa descubierta en marzo en la Plaza de Poniente y el reciente acto de homenaje, Valladolid reacredita su condición de cuna del pensamiento de la dignidad humana, uniendo el recuerdo de quienes teorizaron la justicia con la memoria de quienes, como Francisco Tenamaxtli, la reclamaron con su propia vida.




